Un tumor es una masa anormal de tejido que crece en forma autónoma, sin relación con los estímulos que rigen el crecimiento normal de los tejidos. Los tumores de la piel son tan comunes que sería muy raro encontrar a un individuo que en el transcurso de su vida no hubiera presentado uno o varios de ellos. En la piel se puede observar una gran variedad de tumores originados, ya sea en la epidermis o en algunos de sus anexos, en elementos de origen neuroectodérmico como los melanocitos y las terminaciones nerviosas de la piel, o bien en células conjuntivas de la dermis. Por tanto, una clasificación básica de los tumores cutáneos sería la de considerar tumores epiteliales, melanocíticos, neurales y mesodérmicos. La mayoría de los tumores de la piel son benignos (no son cancerosos) y, sólo en contados casos, si acaso, se convierten en cáncer.
Existen diferentes tipos de cáncer de piel que se manifiestan de forma distinta. Pueden presentarse como un bulto, una herida, una costra, un lunar, etc. pero raramente causan dolor. Por ello, si se detecta una lesión en la piel susceptible de ser cáncer de piel o que le genere dudas, es necesario acudir al dermatólogo para su control. Es importante destacar que hoy en día el cáncer de piel es el más frecuente entre la población de piel clara y que un diagnóstico precoz es clave para su curación.