Un tumor es una masa anormal de tejido que crece en forma autónoma, sin relación con los estímulos que rigen el crecimiento normal de los tejidos. Los tumores de la piel son tan comunes que sería muy raro encontrar a un individuo que en el transcurso de su vida no hubiera presentado uno o varios de ellos. En la piel se puede observar una gran variedad de tumores originados, ya sea en la epidermis o en algunos de sus anexos, en elementos de origen neuroectodérmico como los melanocitos y las terminaciones nerviosas de la piel, o bien en células conjuntivas de la dermis. Por tanto, una clasificación básica de los tumores cutáneos sería la de considerar tumores epiteliales, melanocíticos, neurales y mesodérmicos. La mayoría de los tumores de la piel son benignos (no son cancerosos) y, sólo en contados casos, si acaso, se convierten en cáncer.

Existen diferentes tipos de cáncer de piel que se manifiestan de forma distinta. Pueden presentarse como un bulto, una herida, una costra, un lunar, etc. pero raramente causan dolor. Por ello, si se detecta una lesión en la piel susceptible de ser cáncer de piel o que le genere dudas, es necesario acudir al dermatólogo para su control. Es importante destacar que hoy en día el cáncer de piel es el más frecuente entre la población de piel clara y que un diagnóstico precoz es clave para su curación.

 

Diferencias entre un tumor benigno y maligno

La línea divisoria entre tumor benigno y maligno no es una frontera definida. En general, se consideran como características de un tumor maligno el crecimiento ilimitado y generalmente rápido, la infiltración y destrucción de los tejidos vecinos, la atipia celular, el aumento de las mitosis y la capacidad de originar metástasis. Por el contrario, el tumor benigno es de crecimiento lento y limitado, no infiltra ni destruye el tejido vecino, las células que lo constituyen son uniformes en apariencia y tamaño, y no da metástasis. Sin embargo, estas características que diferencian un tumor benigno de uno maligno no son definitivas, ya que es posible observar algunos tumores de rápido crecimiento y con atipias celulares que no son malignos biológicamente. La única característica definitiva de malignidad es la capacidad de originar metástasis.

CAUSAS DE SU APARICIÓN Y SINTOMAS

la predisposición genética es la causa principal de la aparición del cáncer de piel, aunque existen otros factores bien identificados que también intervienen, como la radiación ultravioleta, algunos agentes químicos, las infecciones por el virus del papiloma humano e incluso inmunodepresión. Las señales de aviso principales son la aparición de una nueva masa, una mancha o protuberancia que esté creciendo (en el transcurso de unos meses o de uno a dos años), o bien una úlcera que no sane en un plazo de tres meses.

 

tipos de tumores de piel

Existen muchos tipos de tumores o cáncer de piel, entre los cuales destacan por su mayor incidencia el carcinoma basocelular, el carcinoma escamoso y el melanoma.

  • El carcinoma basocelular: Es el cáncer de piel más habitual pero también el que presenta un crecimiento más lento y con menos probabilidades de diseminación. Uno de los principales factores de riesgo son las exposiciones solares crónicas por lo que normalmente puede hallarse en las zonas más expuestas al sol como la cara, escote o espalda. Con un diagnóstico precoz generalmente tiene buen pronóstico. Normalmente se presenta en forma de cicatriz dura y abultada con pequeñas venas en la superficie que puede presentar sangrado ocasional, espontáneo, sin causa aparente.
  • El carcinoma escamoso o espinocelular: Está más íntimamente relacionado con la exposición solar pero, a diferencia del carcinoma basocelular, es más agresivo, crece más rápido y puede generar metástasis. En esta tipología de cáncer es importantísimo el diagnóstico precoz para evitar una posible diseminación por otros órganos y poder realizar un tratamiento inmediato en sus fases iniciales. Puede presentarse en forma de lesiones como verrugas que crecen rápido y que pueden adquirir tonalidades rojizas.
  • El melanoma: Es un tipo de cáncer de piel que se origina por el las células encargadas del pigmento de esta, los melanocitos. Se caracteriza por ser uno de los cánceres más agresivos y por su capacidad de diseminarse con facilidad y por ello primordial su detección precoz . Por este motivo, es recomendable hacerse chequeos periódicos de lunares o pecas y consultar con el dermatólogo cualquier cambio en estas o cualquier aparición de manchas en la piel. Suele parecerse a los nevus, es decir, pecas o lunares pigmentados, pero que presenten asimetrías, irregularidad en los bordes, colores variables (rojo, negro, etc.) y normalmente mayores de 6 milímetros. Es por ello que es tan importante el screening cutáneo, es la prueba diagnóstica de elección para el control de los nevus, pecas o lunares.
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    Otros tipos de cáncer de piel son mucho menos comunes y se tratan de maneras diferentes. Entre estos se incluye:

  • Carcinoma de células de Merkel
  • Sarcoma de Kaposi
  • Linfoma cutáneo (piel)
  • Tumores de los anexos de la piel (tumores que se originan en los folículos pilosos o en las glándulas de la piel)
  • Varios tipos de sarcomas

TRATAMIENTO DEL CANCER DE PIEL

La mayor parte de los cánceres de piel pueden ser extirpados mediante cirugía sin requerir ni quimioterapia ni radioterapia, pero el tratamiento dependerá siempre de la tipología de tumor, su localización, la profundidad en la que esté arraigado y las características particulares del paciente. Previamente, se realiza una biopsia del tumor, es decir, se toma una muestra del tejido del tumor para analizar y determinar el tipo de tratamiento de elección. En determinados casos de Melanoma, podría estar indicada la realización de una biopsia del ganglio centinela, una prueba diagnóstica de obligado cumplimiento que determina la extensión del tratamiento de los melanomas. Una vez realizadas las pruebas diagnósticas necesarias, se definirá el tratamiento a seguir.